Ayer, viendo un debate sobre política por televisión, uno de los tertulianos dijo una frase que me hizo reflexionar mucho.
“Cuidado con preguntarle al pueblo. Una vez le preguntaron si Jesús o Barrabás, y eligieron a Barrabás, así que ojo”
La frase da para mucho. De primeras, pensé que menudo concepto de democracia. Pero dándole vueltas, y asociándola a que días atrás había visto la película “La Ola” (Die Welle en alemán), de Dennis Gansel, pensé que había una gran verdad escondida detrás. Hitler accedió al poder en unas elecciones democráticas… y sabemos como acabó todo.
Recordé también la argumentación que hace uno de los personajes (es decir, una argumentación propia) de una novela que tengo a medio escribir, sobre la política y los políticos, que aunque está escrita hace unos 15 años, sigue vigente al 100%, por desgracia. La reproduzco:
Raúl le miró sorprendido. Había un ápice de ira en su mirada, pero pasó pronto y le contestó.
- Verás. Nosotros, los políticos, no lo vemos tal y como lo reflejan los periódicos. Existe mucho mito alrededor de la política. Es una ocupación apasionante y que te da muchas satisfacciones, y no me refiero las puramente crematísticas. Darte cuenta de cómo eres capaz de hacer mejor y más cómoda la vida a los demás es algo que llena mucho.
- Venga, hombre. Si ahora va a resultar que los políticos sois hermanitas de la caridad contra las que todo el mundo arremete sin razón alguna.
- Si la gente nos odia, no es porque algunos se llevan algo de dinero de algún sitio alguna vez – dijo muy rápido y como de pasada –, sino porque ven que somos nosotros los que dictamos su forma de vida, ven que de alguna manera son “subordinados” que han de estar siempre pendientes de lo que nosotros dictemos - dijo Raúl.
- La verdad es que yo nunca lo había mirado así… pero ahora que lo dices, la verdad es que algo de cierto sí que hay.
- De alguna manera, nosotros nos “sacrificamos” para organizarle mejor la vida a la gente y así ellos sólo tienen que preocuparse de ir a trabajar, ganar dinero y gastarlo. De lo demás ya nos ocupamos nosotros.
- Pero supongo yo que la gente, y me incluyo entre ellos, tendremos derecho a opinar acerca de como nos organizáis la vida, ¿no? – preguntó Santi.
- Para eso son las elecciones – replicó con mucha rotundidad Raúl.
- Chico, la verdad es que lo pintas de una forma muy creativa, pero sigo pensando que los políticos abusáis del poder que la gente os damos, porque a fin de cuentas no sois sino asalariados nuestros, de la sociedad civil.
- Intentaré explicártelo de otra manera. ¿Has oído hablar de lo que a mediados del siglo XVIII llamaban “Despotismo Ilustrado”?..
- Sí, me suena haber leído algo acerca de ello, pero no recuerdo exactamente qué era - contestó Santi.
- Verás. El “Despotismo Ilustrado” se basaba en un gobierno autoritario, era una variante del absolutismo monárquico típico de mediados del siglo XVIII. Eran intentos del monarca de conseguir el progreso de su país aplicando algunas formulaciones de la teoría política de la Ilustración. Los reyes sabían perfectamente qué aspectos de la filosofía podían ser útiles para su pueblo. Sus lemas eran “El soberano debe ver, pensar y actuar por toda la comunidad” y “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”.
- No veo dónde quieres ir a parar - dijo Santi.
- Permíteme continuar, por favor. En aquella época los reyes y políticos ya se habían dado cuenta de que era mejor, más conveniente, organizar la sociedad y la vida de la gente que dejar que ellos mismos lo hicieran.
- ¿Por qué? - preguntó Santi.
- Porque cuando le gente tiene poder y conciencia de que posee ese poder se vuelve peligrosa, ambiciosa, y pretende aprovecharse de ese poder tanto en su propio beneficio como en perjuicio de los demás. Por eso los déspotas ilustrados eran tan brillantes, se dieron cuenta de ello y actuaron en consecuencia. Todo lo que hacían, sus maneras de actuar y gobernar eran para mejorar la vida de sus súbditos, pero no contaban con ellos para hacerlo porque sabían que ni siquiera sabrían qué pedirles para que mejoraran sus vidas. La gente que nunca ha tenido poder de ningún tipo, cuando lo tiene no sabe cómo utilizarlo.
Raúl hizo una pausa en su discurso para apurar los dos dedos de vino que quedaban en su copa y prosiguió:
- Ahora las cosas han evolucionado y “permitimos” que la gente crea que manda algo y eso lo hacemos vistiendo el despotismo ilustrado de entonces en la democracia de ahora. Así la gente está más contenta pensando que el poder es suyo cuando realmente sigue estando en manos de unos pocos. Si a los que mandan se les va la mano y no recuerdan que, en cierto modo, ya no es como hace doscientos cincuenta años y actúan a lo loco, la gente se cansa y puede echarlos a la calle. Por eso es tan difícil la política. Hay que saber qué límites puedes traspasar y qué límites no.
- No veo claro eso que dices.
- ¿Cómo que no?.
- Esa manipulación… Sólo pensarlo me asquea - dijo, en realidad fascinado. Su interior opinaba todo lo contrario. Él era todo un experto en manipular. De hecho había sido él mismo quien había provocado aquella conversación preguntándole cuál era su ocupación dentro del partido. Y Raúl le había dado la justificación que necesitaba, el empujón final.
- ¿Que te asquea?. Por Dios, hombre. No insultes mi inteligencia. Dime si realmente te gustaría tener que ponerte de acuerdo con tus vecinos, por ejemplo, o para ver quién lleva las basuras al vertedero cuando hace falta, o quién hace de bombero cuando hay un incendio… La sociedad es como una comunidad de vecinos. Cuando el presidente es el que vive en el primer piso, se preocupa de que la puerta de la calle no haga ruido al cerrarse porque le despierta por las noches; y cuando el presidente es el vecino del ático, se preocupa de solucionar la humedad de su terraza cuando llueve mucho en otoño. Cada uno va a lo suyo, es ley de vida.
Esta visión de la democracia, ficticia, aunque podría no serlo tanto, es peligrosa. Una democracia real y madura no permitiría estas actuaciones ni esta manera de pensar de los políticos, que los ciudadanos sean “subordinados”, porque estarían sometidos a riguroso examen diario (como ejemplo, la ministra de Educación alemana que dimitió cuando se supo que había plagiado parte de su tesis doctoral 20 años atrás). Pero una democracia llega a ser real y madura cuando la ciudadanía está formada e informada, porque con formación e información se llega a ser crítico y responsable.
Asociando esto con la situación actual que se vive en Catalunya (donde yo vivo), surge la pregunta: ¿Por qué las CCAA con formaciones nacionalistas potentes han tenido siempre interés en tener la Educación como una de sus competencias fundamentales? Porque así la formación está en su poder.
Desde pequeños, en el colegio, se empieza a formar a los niños en una manera de ver las cosas y de pensar que después cala. Forman votantes en potencia para que les sigan, como en la película que mencionaba, La Ola, que recomiendo de veras, por lo “educativa” que es.
Un ejemplo claro es cómo se explica la guerra de Sucesión en los colegios catalanes. No se explica que Rafael de Casanovas tomó partido por uno de los dos pretendientes al trono de España, y venció el otro. No. Se explica que “los españoles le mataron por ser catalán y para invadir Catalunya”. Y lo malo, repito, es que el mensaje cala, nadie se preocupa por conocer si eso es cierto o no, porque lo dan ya por cierto. Se crea el clima que se crea, y luego pasa lo que pasa, que el independentismo avanza, aunque podria darse con cualquier ideología.
Otro ejemplo es la manera que tienen de vender la independencia diciendo que “Catalunya será un nuevo estado de Europa, porque Europa no puede decir que NO”. Quien no se informe más, se quedará con el mensaje de que eso es así, cuando la legislación europea vigente dice bien claro que las regiones que se escindan de países miembros, quedan fuera de la UE y deben iniciar los trámites para su admisión, que debe ser apoyada por unanimidad.
¿Alguien de CiU o de ERC ha explicado eso? Nadie. Sólo Duran, y le ningunean.
Ojo, que yo no estoy en contra de que pueda haber nacionalismo, nacionalistas, independentismo, independentistas, o cualquier ideología política. Faltaría más. Son opciones tan válidas, lícitas y legítimas como cualquier otra. De lo que estoy en contra es de la manipulación que se hace de quien no tiene formación ni información para fines interesados. Si se quiere apoyo para cualquier opción política, que se pida, pero diciendo la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. Eso es la DEMOCRACIA. Con todos, repito, TODOS los argumentos en poder la sociedad, con la sociedad formada e informada se podrá ser libre para escoger lo que mejor le parezca. Pero mientras la sociedad no esté formada e informada, ¿será REAL la democracia? ¿será peligroso preguntarle al pueblo?. Ahí dejo la pregunta.
Saludos,
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