Hoy contaba una compañera de trabajo que una amiga suya, andaluza, tuvo una cría hace unos meses. Había vivido en Barcelona una temporada y, como tiene amigos aquí, decidió venir a que los amigos que aún conserva en la ciudad conocieran a su hija. Si comento que la madre es andaluza y vino a Barcelona es porque la anécdota ilustra las diferencias culturales. Y sólo relato, no busquemos tres pies al gato.
La madre de la cría, paseando por Barcelona con los amigos, comenta que la cría tiene hambre y entran todos en un bar, no sé de que zona, para descansar un poco, y que pueda darle el pecho.
Se sientan todos, piden al camarero, y cuando éste vuelve con las bebidas, le dice a la madre, que ya estaba amamantando a su hija, que varios clientes se habian quejado de que estuviera “con la teta fuera en medio del bar y a la vista de todos” y que si puede ponerse, por favor, en un sitio más discreto.
Ella se queda atónita. Y comenta que en su ciudad (no sé cuál es, pero creo que Sevilla), no le ha pasado jamás, haya ido donde haya ido. Tanto en bares de barrio como en sitios elegantes como en medio de una plaza. Incluso comenta que uno de los días, mientras la cría estaba mamando, otro cliente de un local se había acercado a verla mamar y le había hecho una carantoña, como lo más natural del mundo.
Otras compañeras de trabajo se han sorprendido, quejosas. “Que vaya actitud de la gente eso de quejarse, que si es algo natural, que si sería un bar de peperos…”. Es lo de menos. Lo importante es que luego han reconocido que ellas, cuando han tenido que dar de mamar a sus hijos, lo han hecho, de motu propio, en un rincón, discretamente, tapándose con un pañuelo… y comentaban que lo hacían así no tanto por la gente sino porque a ellas, por educación y cultura, no les hace gracia “sacar la teta” y que lo vea todo el mundo. Y no ha sido una, ni dos… han sido cinco las que lo decían…
La compañera que contaba la anécdota ha añadido algo más. En uno de esos días, que estaban paseando cerca de la playa, y cuando estaban sentados de nuevo para que la niña comiera, se había acercado un conocido argentino y, después de decirle a la madre qué bonita era la cría, había añadido “y que pecho tan lindo se te ha puesto”. Y la madre, encantada por las dos cosas, por su hija y por el piropo a sus pecho.
A continuación se ha abierto el debate “que si el argentino quería ligar, que si vaya comentario a hacer, que si a mi me dicen eso y me enfado…”
Qué diferentes somos en función de nuestra cultura, verdad?
Saludos,