Después de vistas y oídas muchas opiniones al respecto, yo tengo algunas cosas que decir.
Sólo he oído decir cosas malas de la reforma, que “nos van a echar a todos a la calle, y gratis”, que “no puede uno ponerse enfermo, porque te despiden”, que “nos quedamos sin los derechos adquiridos en muchos años en las calles”…
Que la reforma podía haber sido mejor, no lo dudo. Todo en esta vida es mejorable. Pero se abusa del sensacionalismo y del amarillismo que no beneficia a nadie y que sólo enrarece más el ambiente. Las cosas hay que explicarlas bien. Por ambas partes. El gobierno debe salir a explicar bien la reforma, sus motivos y las consecuencias que tendrá. Pero explicarlo bien. No sirve decir que “es la reforma que hacía falta” y “con esta reforma se creará empleo a largo plazo”. No sirve con eso, señores. Expliquen, con detalle, porque afecta a todo el país, por qué es la reforma que hacía falta, y por qué hará que se cree empleo a largo plazo.
Y lo mismo para los sindicatos. Si no les gusta la reforma, y es muy legítimo que no les guste, expliquen por qué. Pero no con vaguedades. Razones. Y no sólo eso. Aporten también soluciones, mejoras, etc. De poco sirve una reforma sin explicar, y de menos sirve una queja del mismo tipo.
Yo hay varias cosas, así, grosso modo, que me producen urticaria. Si “nos echan a todos a la calle”, ¿quién va a trabajar? ¿Sólo el dueño o los directivos de las empresas? ¿Eso es lo que buscan? ¿Trabajar sólo ellos y quedárselo todo? El argumento no se sostiene.
Y si por ponernos enfermos, nos van a despedir… en fin… lo mismo.
Ciertamente la redacción del articulo que se refiere a las bajas por enfermedad no es la más afortunada, pero me parece más que evidente que está redactado para que aquellos “trabajadores” acostumbrados al absentismo laboral, “porque hoy no me apetece ir”, o “porque hoy tengo mocos y me quedo en casa”, “porque anoche salí y apenas he dormido”, etc. se lo piensen dos veces antes de seguir con su actitud, más que nada porque nos cuesta dinero a todos: a las empresas, porque pierden productividad; y a la Seguridad Social, porque paga la baja del “absentista”.
No creo que una sola empresa que tenga un trabajador formado y que desarrolle correctamente sus labores vaya a despedirlo porque falte unos días, baja médica mediante, por una gripe o enfermedad que se lo impida. De la misma forma, me parece muy razonable que una empresa quiera prescindir de los servicios de un trabajador que habitualmente falta a su trabajo sin motivos seriamente justificados. Y me parece bien que para estos casos (y remarco el PARA ESTOS CASOS) se abarate el coste del despido. De la misma forma que el trabajador no regala su tiempo a la empresa sino que trabaja por un sueldo, el empresario no regala el sueldo el trabajador, sino que lo intercambia por horas de productividad. Si no hay productividad, no hay sueldo, me parece evidente y lógico. Si un trabajador produce, ¿por qué voy a despedirlo si me da beneficios?
Pensémoslo fríamente. Si fuese yo quién tiene un negocio, y tengo dos trabajadores contratados, de los cuales, uno rinde, nunca falta, y cuando lo hace, es por motivo justificado; y el otro falta de forma intermitente, con motivos no demasiado convicentes, ¿por qué no puedo yo despedir al que no cumple? Estoy en mi derecho, es mi negocio y es mi dinero el que arriesgo. ¿O es que tengo obligación de perder, o de ganar menos, porque tengo obligación de mantener a ese trabajador-rémora en plantilla? Yo pago un sueldo, y el trabajador recibe ese mismo sueldo, por trabajar y cumplir, no sólo por estar en nómina.
Lo que me parece muy triste, sobre todo para las PYMES, que son la base del tejido empresarial de este país, es que, como despedir al trabajador es muy caro (para una panaderia con dos empleados, 45 días por año es una barbaridad), tengo que mantenerlo si no quiero tener que cerrar a causa de la indemnización. Si hay problemas económicos, mejor poder despedir a tres y seguir con siete, que no tener que echar a los diez porque cierra la empresa.
Mi reforma laboral, al menos en lo que a indemnizacion por despido se refiere, sería de la siguiente manera:
1) Cuando una empresa despide a un trabajador, la indemnización para éste sería cero. (halaaaaaa…, negreroooo!!!! Explotadooooor!!!!...) Me explico. La indemnización a la que yo obligaría a las empresas iría directamente a las arcas de la seguridad social, o a un Fondo de Indemnizaciones. Y la utilizaría para dos cosas:
- a. Para que el trabajador que se queda en paro pueda tener un subsidio digno para mantenerse.
- b. Para cursos de formación (pero con cara y ojos, no de ésos que dan los sindicatos para cumplir el expediente y llevárselo crudo) que hagan que el parado pueda encontrar un empleo porque esté bien formado.
Si ése dinero que se da en forma de indemnización al trabajador fuese a ese Fondo de Indemnizaciones, éste podría proteger mejor a mayores de 45 años que no encuentran empleo, mujeres que por estar en edad fértil quizá no encuentran trabajo, etc. Y con eso me refiero a que si un mayor de 45 años, por ejemplo, no encuentra trabajo en tres años, pues siga cobrando el paro, y no que tenga un límite de dos, y luego quede más o menos desprotegido. Que se le de cobertura a quien la necesita. Pero a quién verdaderamente lo necesita.
Eso sí, nada de “me quedo en paro y ahora me paso dos años tocando el violón porque tengo derecho a ello”. ¿Qué es eso de que “tengo derecho a ello”? Uno tiene derecho a cobertura en tanto en cuanto no encuentre trabajo, pero el trabajo de un parado es buscar empleo y formarse para ello, y no estar a verlas venir a costa del dinero público “porque tengo derecho a ello”. Si se hiciera un uso más responsable del subsidio de desempleo habría una verdadera protección para todo el que la necesite. Desgraciadamente, mientras no haya un cambio de cultura y de valores, el que pueda no-trabajar, no lo hará. Aquí se iba a votar lo mismo que en Suiza, que votaron para seguir teniendo sólo 4 semanas de vacaciones al año, y no seis. Aquí se votarían veinticinco. La pandereta y esas cosas….
2) No todas las empresas indemnizarían igual por trabajador despedido.
No puede ser, en mi humilde opinión, que a una empresa que gana 6.000 millones de euros al año, le cueste lo mismo echar a un trabajador (en términos de dias de indemnización) que, por ejemplo, a una panadería que, en estos tiempos de crisis, gana lo justo para mantenerse abierta. Las indemnizaciones (que se aportarían al Fondo de Indemnizaciones y no al trabajador) deberían regirse por beneficios, por ingresos, por número de trabajadores… en definitiva, por la capacidad de asumir el coste del despido para esa empresa en concreto. De esta manera, aportaría más a ese fondo quien más tiene (las grandes empresas), aportaría menos, quién menos tiene, y TODOS los trabajadores quedarían igual de protegidos. Via desempleo y vía cursos de formación.
Como siempre se ha dicho, la verdadera igualdad proviene de tratar de manera desigual situaciones desiguales.
Es la forma en que me parece más justo que sea el despido. Mejor protección (porque habría más dinero en las arcas del Estado), e igual para todos los trabajadores. Y reparto más equitativo del coste del despido para las empresas. Eso sí, nunca gratis. Para que tampoco las empresas pequeñas puedan despedir sin problemas, aunque tampoco creo que lo hicieran, por un tema de economía y de sentido común, más que nada.
Es evidente que a una empresa siempre le saldrá más a cuenta mantener en nómina a un trabajador que ya lleva un año trabajando si está bien formado y rindiendo bien, que simplemente echarlo porque le sale gratis, y contratar a otro al que tiene que formar durante un periodo de tiempo, con la consiguiente bajada de productividad durante el mismo. Es antieconómico e ilógico. De la misma forma, si ese trabajador a los tres, cuatro o equis meses aún no está adaptado al ritmo, al puesto, o no rinde, ¿por qué no voy a poder despedirlo, si ni a mí (empresa) me conviene, ni a él le conviene un puesto al que no se adapta? Eso sí, contribuyendo a ese fondo estatal para que el trabajador pueda formarse para encontrar otro empleo, y teniendo protegidos unos ingresos para su sostenimiento mientras dura ese proceso de formación y búsqueda.
Hay una cosas que es innegable, y es que la concepción de la relación entre el trabajador y la empresa, para los sindicatos, no ha evolucionado nada. Para los sindicatos, el empresario es ese enemigo al que hay que sacarle todo lo que se pueda, trabajando lo mínimo, porque como el trabajador es la parte débil de la relación contractual, tiene derecho a ello.
La relación entre empresa y trabajador tiene que ser beneficiosa para las dos partes. Cuanto más a gusto esté el trabajador en la empresa, más y mejor producirá. Y cuanto más y mejor produzca el trabajador, más ganará la empresa, lo que redundará en que mejore las condiciones del trabajador para que éste produzca más, y más gane la empresa. Es la pescadilla que se muerde la cola. Nadie quiere ganar menos, eso está claro. Pero los sindicatos sólo entienden la lucha de clases, como si estuviésemos aún en 1850, para poder seguir manteniendo su influencia.
Y sólo un dato, para todos aquellos que piensen que bajar las indemnizaciones por despido es de fachas y peperos.
Solbes, ministro socialista, daba el siguiente titular al periódico La Vanguardia el 5 de febrero de 1995, -Pedro Solbes: "Debe aplicarse la indemnización por despido de veinte días por año para crear empleo estable"-.
Esto es lo que decía literalmente Solbes:
"Se indemniza, en muchas ocasiones, con los 45 días por año trabajado que establecía la anterior legislación laboral. Es una mala práctica porque lo que pone en peligro es la contratación indefinida y a largo plazo de las empresas. El punto fundamental de la reforma era intentar cortar las viejas prácticas de un coste excesivo de las indemnizaciones por despido y reducir la excesiva temporalidad".
"En la reforma se establece una diferencia entre el despido con causa y del despido sin causa. La norma establece una serie de causas que responden a los avatares normales de la actividad económica a las que la empresa puede acogerse para que cualquier despido que esté vinculado a una crisis de la empresa se pueda realizar con una indemnización mínima de 20 días por año trabajado".
En cambio, a día de hoy el discurso de Rubalcaba es:
"Es una reforma que va a conducir a más paro este año, sobre todo a los jóvenes, que serán las principales víctimas de la reforma del todo a 20. Les ofrece una precarización intolerable, un contrato de un año con despido libre. Es una operación de abaratamiento del despido como no se conoce".
Ni unos son malos ahora, ni otros eran malos antes. Pero la oportunidad de arrimar el ascua a su sardina no quiere perderla nadie.
Cosas veredes, amigo Sancho..
Saludos,