Hola a todos. Me llamo Jorge y soy ciudadano.
¿Qué quiero decir con eso de que soy ciudadano? Pues que vivo en una ciudad, Barcelona.
Vivir en Barcelona implica ya muchas cosas, aunque sólo parezca un lugar de residencia. Significa que vivo en una de las ciudades más bonitas del mundo, donde convive gente que ha llegado desde muchos puntos de la geografía catalana, española, europea y mundial.
Esa convivencia tan variopinta podría hacer pensar que es una ciudad cosmopolita, integradora, abierta, enriquecedora, mestiza… y sin embargo cada vez lo percibo menos de esa forma. Me da la sensación de que vamos hacia una ciudad, y por ello hacia una sociedad, cada vez más dividida… esa sensación la percibo mirando los balcones de los edificios. Me explico.
Desde hace unos años ha habido cambios de decoración, y que van a más. Si hay una manifestación a favor del Estatut de Catalunya se llenan los balcones de senyeras y esteladas. Si España gana el Mundial o la Eurocopa de fútbol se llenan los balcones de banderas nacionales. Si hay una manifestación pro-independentista se vuelven a colgar las banderas catalanas. Y así va la “guerra”, a ver quién pone más banderas en la siguiente.
Todo eso, en realidad, es debido a los póliticos que “dirigen” nuestras vidas, que intentan separarnos. Por mucho que lo nieguen, es lo que intentan. Divide y vencerás es su lema.
Es estas elecciones de hace unos días había varios partidos que lo que querían era dividir. Dividir, y no sumar, aunque fuera esto último lo que ellos pretendían vender.
Decían que querían sumar personas a su causa, a la voluntad del pueblo, a mayorías fuertes para poder hacer frente al “enemigo” imaginario que nos roba, que a mi me suena a los molinos de viento convertidos en gigantes que veía don Quijote. Ese mesianismo de cuarta división buscaba dividir a las personas, que tuvieran que simplificarse y que tuvieran que definirse entre independentistas y no independentistas. Así de sencillo. Diluir toda la riqueza personal, todas las inquietudes, todas las preguntas, todas las respuestas, todos los pensamientos, todos los sentimientos, todas las aristas de una persona en una sola: la que separa la pertenencia a lo que ellos consideran el pueblo catalán, la que diferencia a los “buenos catalanes” de los “malos españoles”. Me parece un planteamiento muy simplón y muy poco trabajado.
Sólo vi un partido que no pretendía dividir. Todo lo contrario. El lema me encantó: “Mejor Unidos”. Y otra frase que resume cómo pienso yo: “Catalunya es mi tierra, España es mi país, Europa es mi futuro”. Más simple, imposible. Más claro, imposible. Más agregador, imposible.
La unión hace la fuerza. Estamos en una situación de crisis que hace que nuestra vida sea un poco más dura cada día. Los recortes en Sanidad, en Educación, en servicios sociales… Lo único que nos puede hacer superarlo es la unión, pero la unión de verdad, la de todos.
La otra unión, la unión de unos cuántos para enfrentarse a la unión de otros tantos, no lleva a nada. Y para unir siempre hay que sumar, SIEMPRE, y nunca dividir. Una unión que empieza con una subdivisión entre buenos y malos, entre catalanes y no catalanes, entre patriotas y traidores ya empieza mal. Porque está debilitada de inicio
Hay quien intenta hacerme creer que yo, por el simple hecho de haber nacido en Barcelona, capital de Catalunya, tengo mucho más en común con un pastor de cabras que vive en la Vall de Boí, que con otra persona de mi edad, de un día a día parecido al mío, que viva en Sevilla, en Santiago de Compostela o en Valencia.
Hay quien intenta hacerme creer también que por el hecho de pagar mis impuestos en Catalunya, lo que yo pago se lo está llevando un extremeño o un turolense y que me están “robando” porque recibo menos servicios de los que “pago” y ellos reciben más servicios de los que pagan. Yo, inocente de mí, podría pensar que me estaría “robando” (que no lo pienso, ni mucho menos) cualquier persona que pague menos impuestos que yo, ya que tiene derecho a los mismos servicios aportando menos. Pero esos servicios los reciben los que pagan menos que yo, vivan donde vivan, sea en Barcelona, en Lleida, en Sort, en Vidreres, en Sagunto, en Ciudad-Rodrigo o en Cuzcurrita de Rio Tirón.
Quizá sea que en realidad yo no tengo ningún sentimiento de pertenencia más que a la ciudad donde transcurre mi día a día. Nací en Barcelona, de padre andaluz, de madre cántabra, alguna bisabuela riojana, y mi pareja es salmantina.
Quizá es por eso que no puedo entender que alguien tenga un sentimiento de arraigo a una tierra que, en realidad, si está a un lado u otro de una frontera es porque alguien ganó una guerra o trazó una linea en un mapa arbitrariamente hace no sé cuántos cientos de años. ¿Éso me hace distinto a alguien que vive a unos metros de mí, pero al otro lado de una línea? ¿Me hace mejor? ¿Así funciona esto?
En mi opinión no es así. En mi opinión vamos todos en el mismo barco y hemos de remar en la misma dirección, porque como los de estribor remen hacia delante y los de babor boguen hacia atrás vamos a estar dando vueltas en círculo sin ir a ningún lado durante mucho tiempo.
Quizá porque no me gustan esas guerras sin sentido, porque no me gusta decir que ésta es mi tierra, o ésta es la mía, o la mía es mejor que la tuya, o la mía es más grande que la tuya es por lo que me siento de todos sitios y de ninguno a la vez.
Por eso, repito, yo sólo puedo decir que soy ciudadano (del mundo).
Saludos,