martes, 29 de septiembre de 2015

BORGEN, HOUSE OF CARDS Y CATALUNYA


En los últimos dos años he visto dos series de política ficción que me han enganchado mucho. Son dos series con enfoque muy diferente, pero con puntos comunes, aparte de que transcurran en los alrededores del poder político.

La primera de ellas es House Of Cards. Ambientada en la Casa Blanca y en el Capitolio norteamericano, narra las “andanzas”, por decirlo suavemente, de Francis Underwood, coordinador de la mayoría demócrata en el Congreso estadounidense, y de su mujer; de sus ambiciones políticas tras postularse a Secretario de Estado en el nuevo gobierno, y ser despachado con un “eres más valioso en tu puesto para el Partido Demócrata”. Tras sentirse humillado por no ser nombrado traza un plan a largo plazo con el que conseguir colmar todas sus aspiraciones políticas, sin importarle el precio que paguen los demás, y a costa de todo y de todos. Impresiona ver la frialdad de los personajes, y uno se pregunta si los navajazos políticos que se describen en la serie se alejan mucho de la realidad. Un Maquiavelo en toda regla.

La otra serie es Borgen. Es una serie danesa que narra las interioridades de la política de aquél país a partir de unas elecciones y de la llegada al poder de una nueva primera ministra, Birgitte Nyborg, con aires de renovación y de una nueva forma de ejercer el poder desde la ingenuidad de un partido minoritario que se encuentra con la dirección de gobierno desde una coalición tripartita en la que su formación no es la mayoritaria, pero que accede a darle el poder para poder gobernar y cambiar el rumbo de Dinamarca.

Se muestra en la serie el día a día en todos los aspectos de la nueva primera ministra, su trabajo, las negociaciones, las trifulcas, su familia, sus miedos, crisis matrimonial, adolescencia, enfermedad… pero todo tratado desde una naturalidad y una sencillez que hace que sea plenamente creíble.

House of Cards entretiene, pero Borgen engancha y apasiona.

Unos de los modelos de Artur Mas para una Catalunya independiente es Dinamarca. Ojalá. Cuánto tendría que aprender. Lo primero en Borgen es el bien común. Por ello los partidos no dudan en darle el Gobierno al partido minoritario, porque es quién puede poner a todos los demás de acuerdo desde sus posturas más humildes, razonables, prácticas y sin enemistades con nadie. ¿Alguien imagina eso aquí? Aquí lo primero que ha hecho Mas es decir que el President tiene que ser él. Da igual que el resultado de las elecciones sea el que sea, da igual que el partido que tiene que apoyarle haya dicho que no lo hará, da igual que esté enfrentado con casi todo el mundo… lo que conviene no se mira… mira lo que le conviene a él. Como en Dinamarca.

Por la serie desfilan muchos partidos y cabeza de partidos: ecologistas, xenófobos, nacionalistas, comunistas, moderados, socialistas… todos… pero todos tienen un denominador común… y es que siempre piensan en lo que es bueno para la gente… no lo que es bueno para ellos personalmente ni para su partido, sino lo que es bueno para defender a sus votantes y al pueblo danés… son tan civilizados que dan envidia. Y más envidia da aún saber que la serie es fiel reflejo de la realidad…, que los políticos allí son así…, y son así porque si no la gente, que tiene otro concepto de lo que es la democracia, la de verdad, con mayúsculas, no les vota. O eres así, o no eres.

Se plantea ahora en Catalunya, en un momento en que hay mayoría parlamentaria independentista, es innegable, pero no en votos ni en la calle, el momento de hacer política de verdad, con mayúsculas, el momento BORGEN… tienen los políticos una oportunidad única para hacerlo, para ver cuáles son los problemas reales y qué es lo que conviene a TODOS, no a su mitad… me gustaría levantarme y decir “HE TENIDO UN SUEÑO…”, y es que Catalunya se volviera de verdad Dinamarca… pero creo que tendré una pesadilla y seguirá todo igual, cada uno se mirará el ombligo, y Artur Mas, en lugar de dar paso a la Birgitte Nyborg de turno, mutará en Frank Underwood y sus fríos planes para alcanzar sus objetivos, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

Saludos,

martes, 1 de septiembre de 2015

CUCHARAFOBIA INFANTIL


He descubierto una nueva patología infantil por la que seguro que me darán multitud de premios y galardones en los próximos años. Bueno, lo cierto es que me los darían si encontrara la vacuna, tratamiento o remedio para curarla… aunque no necesitaré reconocimientos… con lograr revertirla y que mi hijo coma me doy por premiado.

Soy incapaz de entender por qué un niño de apenas 18 meses puede cogerle tal aversión a la comida, en concreto a la cuchara. No me entra en la cabeza.

Este mes de agosto, durante las vacaciones, que uno planea que van a ser estupendas porque uno se lo merece después de un año duro y complicado, he estado sometido a una de las tensiones emocionales más fuertes a las que uno puede enfrentarse: la negativa de tu hijo a comer, la incapacidad de alimentarle y la impotencia de no saber qué hacer

Pablo nunca ha sido un buen comedor, pero estos rechazos, estos retorcimientos en la trona, que más que ofrecerle una cuchara con comida parecía que le intentáramos extraer la muela del juicio sin anestesia, no los entiende nadie. O quizá un experto sí, pero un padre novato como yo, no.

Me he visto, como muchos otros padres según me van contando después, montando unos circos para distraerle y que no se dé cuenta de que come que no podía haberme imaginado. Uno de mis momentos más ridículos ha sido ponerme una toalla de playa cual capa de Superman y subirme a la mesa del comedor para simular que iba a echar a volar en lo que Pablo abría la boca y su madre le metía las cucharadas que podía.

El microondas también se ha convertido en buen amigo. Y no por calentar comidas, sino porque sus botones le gustaban a Pablo y, mientras yo le mantenía en brazos y él tocaba los botones, su madre le metía las cucharadas que podía. Otro tanto nos ha pasado con la lavadora, la campana extractora, la tostadora… no hay límites cuando tu hijo está en muy bajo peso y la única manera de que coma es esa.

Quien me lea debe estar riéndose imaginando las escenas, pero vivirlas es para cortarse las venas. Desesperación total. Depresión. Pozo. Y más cuando no ves un final, porque lo que te sirve hoy le aburre mañana, con lo que toca inventarse algo nuevo a ver si funciona, y los elementos de los que dispone uno son finitos. Te va minando por dentro, te lleva a un estado de tensión y ansiedad permanente que provoca un mal humor infinito y que se lo haces pagar a cualquiera que se cruce en tu camino… no digamos ya a la pareja, que en realidad está sufriendo tanto o más que uno mismo.

Hemos decidido que todo eso se acabó. Que si está en bajo peso, que siga, pero que por ese camino no podemos seguir. Enfermo no está porque come cuando quiere, y cuando no quiere, no. Empieza la época de dejarle pasar hambre…, hambre relativa, claro, pero que pase hambre. Ofrecerle la comida, y si no la quiere se le retira. Y hasta la siguiente. La comida siempre la tendrá a su disposición, pero sin “espectáculos”. Y esperamos que si deja de ver la cuchara como una amenaza, o como una manera de dominarnos, pues que la cosa mejorará… o no. En próximas entregas de “CUCHARAFOBIA INFANTIL” seguiré explicando mis avances o retrocesos. Entretanto, si alguien me lee y tiene una solución…, aquí estoy, dispuesto a lo que sea…

Saludos,