En
los últimos dos años he visto dos series de política ficción que me han
enganchado mucho. Son dos series con enfoque muy diferente, pero con puntos
comunes, aparte de que transcurran en los alrededores del poder político.
La
primera de ellas es House Of Cards. Ambientada en la Casa Blanca y en el
Capitolio norteamericano, narra las “andanzas”, por decirlo suavemente, de
Francis Underwood, coordinador de la mayoría demócrata en el Congreso
estadounidense, y de su mujer; de sus ambiciones políticas tras postularse a
Secretario de Estado en el nuevo gobierno, y ser despachado con un “eres más
valioso en tu puesto para el Partido Demócrata”. Tras sentirse humillado por no
ser nombrado traza un plan a largo plazo con el que conseguir colmar todas sus
aspiraciones políticas, sin importarle el precio que paguen los demás, y a
costa de todo y de todos. Impresiona ver la frialdad de los personajes, y uno
se pregunta si los navajazos políticos que se describen en la serie se alejan
mucho de la realidad. Un Maquiavelo en toda regla.
La
otra serie es Borgen. Es una serie danesa que narra las interioridades
de la política de aquél país a partir de unas elecciones y de la llegada al
poder de una nueva primera ministra, Birgitte Nyborg, con aires de renovación y de una nueva forma
de ejercer el poder desde la ingenuidad de un partido minoritario que se
encuentra con la dirección de gobierno desde una coalición tripartita en la que
su formación no es la mayoritaria, pero que accede a darle el poder para poder
gobernar y cambiar el rumbo de Dinamarca.
Se
muestra en la serie el día a día en todos los aspectos de la nueva primera
ministra, su trabajo, las negociaciones, las trifulcas, su familia, sus miedos,
crisis matrimonial, adolescencia, enfermedad… pero todo tratado desde una
naturalidad y una sencillez que hace que sea plenamente creíble.
House
of Cards entretiene, pero Borgen engancha y apasiona.
Unos
de los modelos de Artur Mas para una Catalunya independiente es Dinamarca.
Ojalá. Cuánto tendría que aprender. Lo primero en Borgen es el bien común. Por ello
los partidos no dudan en darle el Gobierno al partido minoritario, porque es
quién puede poner a todos los demás de acuerdo desde sus posturas más humildes,
razonables, prácticas y sin enemistades con nadie. ¿Alguien imagina eso aquí?
Aquí lo primero que ha hecho Mas es decir que el President tiene que ser él. Da
igual que el resultado de las elecciones sea el que sea, da igual que el
partido que tiene que apoyarle haya dicho que no lo hará, da igual que esté
enfrentado con casi todo el mundo… lo que conviene no se mira… mira lo que le
conviene a él. Como en Dinamarca.
Por
la serie desfilan muchos partidos y cabeza de partidos: ecologistas, xenófobos,
nacionalistas, comunistas, moderados, socialistas… todos… pero todos tienen un
denominador común… y es que siempre piensan en lo que es bueno para la gente…
no lo que es bueno para ellos personalmente ni para su partido, sino lo que es
bueno para defender a sus votantes y al pueblo danés… son tan civilizados que
dan envidia. Y más envidia da aún saber que la serie es fiel reflejo de la
realidad…, que los políticos allí son así…, y son así porque si no la gente,
que tiene otro concepto de lo que es la democracia, la de verdad, con
mayúsculas, no les vota. O eres así, o no eres.
Se
plantea ahora en Catalunya, en un momento en que hay mayoría parlamentaria
independentista, es innegable, pero no en votos ni en la calle, el momento de
hacer política de verdad, con mayúsculas, el momento BORGEN… tienen los políticos
una oportunidad única para hacerlo, para ver cuáles son los problemas reales y
qué es lo que conviene a TODOS, no a su mitad… me gustaría levantarme y decir “HE
TENIDO UN SUEÑO…”, y es que Catalunya se volviera de verdad Dinamarca… pero
creo que tendré una pesadilla y seguirá todo igual, cada uno se mirará el
ombligo, y Artur Mas, en lugar de dar paso a la Birgitte Nyborg de
turno, mutará en Frank Underwood y sus fríos planes para alcanzar sus
objetivos, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.
Saludos,
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