sábado, 31 de diciembre de 2011

Conclusiones de mi profesión

Hace unos meses, por cuestiones de trabajo, acudí a un curso de formación del Colegio de Actuarios, que es lo que soy yo: Actuario.

Nunca me había parado a pensarlo porque, a pesar de que en mi trabajo es habitual hablar de vivos y muertos, la muerte está tan despersonalizada como puede estarlo para un médico, o para un forense.

El curso versaba sobre las Rentas Vitalicias. Como explicación rápida diré que es un tipo de operación financiera en la que uno entrega un dinero a una entidad aseguradora y a cambio ésta le garantiza una pago mensual hasta que fallezca. Hasta aquí, todo normal. Pero a partir de aquí me sentí un poco freak por pertenecer al colectivo profesional de los actuarios.

Es lógico pensar que el común de los mortales a lo que aspira es a vivir tanto como sea posible. Pues bien, las compañías de seguros y los actuarios que trabajamos con el tipo de producto de renta vitalicia a lo que aspiramos es a lo contrario, a que la gente que contrata una renta de este tipo se muera cuanto antes para pagar lo menos posible. Así de triste. Así de duro.

De hecho, hablaban en el curso de que los científicos están investigando acerca de la telomerasa, que es una enzima que permite la regeneración celular y que serviría para que el ser humano pudiera vivir más tiempo (al parecer existe un tipo de gaviota que vuela por el Atlántico que la produce o que la tiene…), y una de las conclusiones es que estos avances médicos serían una desgracia y causa de riesgo catastrófico para las compañías de seguros que venden rentas vitalicias. Es así de freak. Y algo similar pasaba con las estatinas, que son un grupo de fármacos usados para disminuir el colesterol y que, por tanto, mejoran las condiciones de vida del ser humano.

Es España este tipo de producto asegurador, la renta vitalicia, no tiene demasiada penetración ni mercado. Pero en muchos países sí que lo tiene, y al haber verdadera competencia entre compañías, ajustan bastante los precios, hasta el punto de que una compañía se anunciaba de la siguiente manera (Lo escribo traducido, porque estaba en inglés):

SIGA FUMANDO, SERÁ BUENO PARA SU BOLSILLO

La explicación es la siguiente. Cuando uno va a contratar un seguro de vida (que en realidad es un seguro de muerte, porque lo cobran los beneficiarios cuando uno se muere), cuanto peor sea su salud más caro es el seguro, porque se supone que fallecerá antes y por tanto la compañía prevé tener que pagar antes.

Para una renta vitalicia ocurre lo contrario. Como la compañía de seguros paga mensualmente mientras viva el asegurado, cuanto antes vaya a morir, menos dinero prevé pagar la aseguradora, y, por tanto, más barata será la prima a pagar por el asegurado. Así, cuanto más enfermo esté uno, o peor sea su salud o calidad de vida (en el caso de los fumadores) mejor precio se le puede hacer. Por eso esa aseguradora se anunciaba de esa forma: fume usted, que le bajaré el precio. Lo que decía, que somos unos freaks.

Saludos,

1 comentario:

  1. No podría estar más de acuerdo con este artículo, España es un país que carece de la tradición actuarial de otros países como los anglosajones por ejemplo.

    Lo más implantado en España podría ser los planes de pensiones como herramienta de previsión y la gente no se interesa por las rentas vitalicias o los seguros de capital asegurado en caso de supervivencia, en parte también por el desconocimiento general sobre estas alternativas.

    Para las aseguradores que facturen sobre todo rentas vitalicias y que no hayan considerado, en la estimación de la esperanza de vida de sus asegurados, esta serie de avances tecnológicos auguro provisionamientos excepcionales pues sus provisiones matemáticas no serán suficientes.

    Enhorabuena por el blog. Lo visitaremos periódicamente

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