Hoy
he ido a buscar a una amiga al trabajo. Para hacer tiempo hasta que saliera, me
he sentado en una terraza de un bar de barrio que había al lado. Y allí estaba
la parroquia habitual del bar.
El primer personaje que ha hecho
aparición ha sido "el enterao". Un tipo de unos sesentayalgo, que a las 11 de la
mañana ya va con caña y cigarro en mano, dando lecciones de lo que sea con voz
cazallera.
Contaba el pájaro en cuestión que
en su empresa, la denominaba "el puerto", el jefe era "un cabrón y un joputa que
está puteando a todo el mundo con las vacaciones, el sueldo e incluso el puesto
de trabajo". A todos menos a él, por supuesto, "porque el día que me putee, le
canto las cuarenta, le agarro del pescuezo y le doy dos hostias", e incluso "me
cojo la baja hasta que me jubile y que le den por el culo. A mi con
tonterías..., pues sí!!!"
Eso sí, "el enterao" se quejaba
por empatía y compañerismo. Ya se sabe que en España todos somos así de
altruistas y compañeros, y nos quejamos por los demás, nunca por nosotros. La
enfermedad venérea siempre la tiene un amigo, nunca
nosotros.
Además, añadía "el enterao" que
su jefe no se entera, que van a cambiar "noséqué concesión y le van a joder
porque aún no lo sabe... como no se entera de nada, pues aún no lo sabe". Eso
sí, "el enterao" sí lo sabe porque se lo ha dicho "el amigo de un amigo que lo
ha oido en un sitio y nunca se equivoca", y lo sabe de buena tinta. Cómo
no?
Al lado
había un grupo de cuatro mujeres de unos cuarentaytantos, con hijos entre 8 y 12
años. No sé de dónde venían con sus hijos pero cuando estaban ya sentadas y
éstos se acercaban a la mesa dónde ellas estaban con sus cafés con leche, las
cuatro con idéntica pose (piernas cruzadas, brazo izquierdo sobre el abdomen,
brazo derecho apoyado sobre el izquierdo, apuntando hacia arriba, y coronando,
el cigarro encendido, blandido como la espada láser de Darth
Vader.
Dicen
que los hombres , cuando estamos juntos, "nos la medimos" contando batallitas.
No sé qué se miden las mujeres, pero éstas se medían algo porque la frase que
más he oído en su conversación ha sido "tía, qué dices?, que no te enteras". Ésa
y también "te quieres pirar al parque y no dar más por saco que estoy con éstas
charlando". Alguno de estos niños que salía corriendo con cara de asustado algún
día se tatuará "Amor de Madre" en el antebrazo.
Por supuesto, no ha faltado la
conocida que pasa al lado, la saludan con linsonjas "qué guapa estás, qué mayor
tu hijo y qué guapa tu hija", y cuando ha pasado, a practicar el deporte
nacional: rajar por la espalda. "pues los hijos llevan ropa prestada por su
cuñada, que me lo ha dicho la panadera que conoce a su
suegra".
Así
es la vida de barrio. Todo el mundo conoce a todo el mundo, los parroquianos
frecuentan los bares y todos saben la vida de todos. Por eso yo me mudé a un
barrio impersonal. Conozco a mis vecinos de "hola y adiós" y suficiente. Así
evito cotilleos.
Saludos,
No hay comentarios:
Publicar un comentario