miércoles, 27 de julio de 2011

Vida de Barrio

Hoy he ido a buscar a una amiga al trabajo. Para hacer tiempo hasta que saliera, me he sentado en una terraza de un bar de barrio que había al lado. Y allí estaba la parroquia habitual del bar.
El primer personaje que ha hecho aparición ha sido "el enterao". Un tipo de unos sesentayalgo, que a las 11 de la mañana ya va con caña y cigarro en mano, dando lecciones de lo que sea con voz cazallera.

Contaba el pájaro en cuestión que en su empresa, la denominaba "el puerto", el jefe era "un cabrón y un joputa que está puteando a todo el mundo con las vacaciones, el sueldo e incluso el puesto de trabajo". A todos menos a él, por supuesto, "porque el día que me putee, le canto las cuarenta, le agarro del pescuezo y le doy dos hostias", e incluso "me cojo la baja hasta que me jubile y que le den por el culo. A mi con tonterías..., pues sí!!!"

Eso sí, "el enterao" se quejaba por empatía y compañerismo. Ya se sabe que en España todos somos así de altruistas y compañeros, y nos quejamos por los demás, nunca por nosotros. La enfermedad venérea siempre la tiene un amigo, nunca nosotros.

Además, añadía "el enterao" que su jefe no se entera, que van a cambiar "noséqué concesión y le van a joder porque aún no lo sabe... como no se entera de nada, pues aún no lo sabe". Eso sí, "el enterao" sí lo sabe porque se lo ha dicho "el amigo de un amigo que lo ha oido en un sitio y nunca se equivoca", y lo sabe de buena tinta. Cómo no?

Al lado había un grupo de cuatro mujeres de unos cuarentaytantos, con hijos entre 8 y 12 años. No sé de dónde venían con sus hijos pero cuando estaban ya sentadas y éstos se acercaban a la mesa dónde ellas estaban con sus cafés con leche, las cuatro con idéntica pose (piernas cruzadas, brazo izquierdo sobre el abdomen, brazo derecho apoyado sobre el izquierdo, apuntando hacia arriba, y coronando, el cigarro encendido, blandido como la espada láser de Darth Vader.

Dicen que los hombres , cuando estamos juntos, "nos la medimos" contando batallitas. No sé qué se miden las mujeres, pero éstas se medían algo porque la frase que más he oído en su conversación ha sido "tía, qué dices?, que no te enteras". Ésa y también "te quieres pirar al parque y no dar más por saco que estoy con éstas charlando". Alguno de estos niños que salía corriendo con cara de asustado algún día se tatuará "Amor de Madre" en el antebrazo.

Por supuesto, no ha faltado la conocida que pasa al lado, la saludan con linsonjas "qué guapa estás, qué mayor tu hijo y qué guapa tu hija", y cuando ha pasado, a practicar el deporte nacional: rajar por la espalda. "pues los hijos llevan ropa prestada por su cuñada, que me lo ha dicho la panadera que conoce a su suegra".

Así es la vida de barrio. Todo el mundo conoce a todo el mundo, los parroquianos frecuentan los bares y todos saben la vida de todos. Por eso yo me mudé a un barrio impersonal. Conozco a mis vecinos de "hola y adiós" y suficiente. Así evito cotilleos.

Saludos,

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