“acudió como muestra de la normalidad democrática...”, “con serenidad democrática pero con rotunda firmeza condenamos los hechos…"
Cada vez que leo o escucho estas frases tan políticamente correctas me entran ganas de vomitar... aunque una amiga mía me diría que no diga eso, que diga mejor “me disgusta”.
Los políticos usan continuamente esos giros ampulosos y perifrásticos para expresarse. No sé si porque hablan así habitualmente (que no es el caso…, ahí tenemos los ejemplos del “vaya coñazo he soltado”, del “manda huevos”, del “este tío es un gilipollas”, etc), o para despegarse del pueblo que los vota, y simular una clase y educación que luego no tienen y que no representan, pero que creen que les da votos.
Pero la duda que me asalta es: cuando hablan así, ¿la gente normal les entiende?. También puedo preguntarme quién es la gente normal. Pero si nos regimos, por ejemplo, por las audiencias televisivas, y como dijo Gustavo Bueno, “tenemos la televisión que nos merecemos”, los programas que más audiencia tienen son los que representan a la mayoría de los españoles, no?
Pues bien, si aceptamos que la gente que ve, por ejemplo, “Sálvame” es el patrón-oro de la sociedad española, a esa gente que lo que le gusta ver y escuchar es cómo los tertulianos e invitados se llaman puta, guarra, maricón, cerdo, adultera y demás lindezas, eso de la “serenidad democrática” y la “normalidad democrática” no puede sino sonarles a chino.
A esa “gente normal” le va el lenguaje directo y sin rodeos… a un “imputado por presunto delito de apropiación indebida o de malversación de caudales públicos” en la tele habría que denominarlo un “puto chorizo” y no envolverlo en una capa de caramelo para que no suene tan mal la realidad de sus actuaciones, no?
Como muestra de esa exquisita correción política está el enfrentamiento en el Parlament de Catalunya que tuvieron, allá por el año 2005, Pasqual Maragall y Artur Mas.
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Resumiendo y traduciendo al lenguaje llano y vulgar, Maragall les decía a los de CiU que eran unos chorizos e insinuaba que cobraban comisiones en las adjudicaciones, y Mas se ofendía porque se lo decían a la cara. Eso sí, todo expresado con unas formas exquisitas. Así, la mayoría de la gente (ésos que ven Sálvame) no se entera de lo que han dicho ni uno ni otro, y así nadie pierde votos ni imagen porque “hay que ver qué correctos y qué educados y qué bien los dos…, ves por qué les voto?? Si es que son tan listos…”, y si uno entra al fondo de la cuestión dan ganas de llorar.
La corrección política es algo de lo que yo he huído siempre. Al pan, pan, y al vino, vino. Sin edulcorantes, sin caramelo, sin camelarse al personal.
Traduciendo las palabra de Zapatero y Rajoy en el último debate sobre el Estado de la Nación, en lugar del “le deseo lo mejor en lo personal y en lo familiar” diría “así te divorcies, capullo”, y en lugar de “yo no puedo desearle lo mejor en lo político” diría “a ver si pierdes las elecciones otra vez y te echan de tu partido, gilipollas”
Saludos,
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