martes, 4 de junio de 2013

MasterChef

Desde las primeras ediciones de Gran Hermano y Operación Triunfo  no veía un reality o talent show, que no sé cómo denominar a MasterChef.

Me gusta la cocina. El programa me gusta. Me sobran algunos ratos que no son propiamente concurso (la semana pasada, ver cómo pescaban; ver a Pepe de pinchos por San Sebastian; esta semana ver el “show” de Pepe y Jordi con la paella…), pero en general me gusta el ritmo del programa. Me gustaría ver algo de las clases que les dan a los participantes, por aprender y por ver cómo aprenden, pero imagino que si entro en la web algo encontraré.

De los presentadores se destapa Pepe Rodríguez como un showman espectacular; a Jordi Cruz se le ve más suelto programa a programa, cosa que se agradece porque los primeros días parecía un robot; y Samantha…, no se la ve nada natural…, no tiene facilidad de palabra y parece que se aprenda un guión y lo “largue” sin más.

Me gusta que se guarden la convivencia de los participantes, que no los expongan al publico, pero echo de menos ver esas clases que comentaba.

Evidentemente tengo mi favorito, como también sé perfectamente a quién quiero que echen desde hace varios programas: José David.

Si se está eligiendo a quien en un futuro podrá ser jefe de cocina de un gran restaurante me parece evidente que no sólo cuentan las cualidades culinarias. Si eres un Paul Bocusse o un Ferrán Adrià en lo que a creatividad se refiere, pero eres un dictador y un soberbio en lo que persona, no serás un buen jefe de cocina. Eso es lo que opino de José David.

Entro en el programa llorando y lagunando los ojos a cada momento, recordando a su padre, creo. Pensé que era un tipo sensible, pero ha demostrado ser un tiburón sin escúpulos y sobre todo sin educación.

Es bueno, en un concurso, aspirar a ser el mejor, pero eso es muy diferente a creerse el mejor y creerse por encima incluso de quién está allí para enseñarte. La pasada semana José David, pagado de sí mismo hasta el extremo, despreció consejos de Jordi Cruz, “enmarronó” a Cerezo empezando cosas y pasándole la responsabilidad y, después de haber perdido la prueba de grupos, en lugar de aceptarlo con humildad, despreció el plato de sus compañeros y despreció a quienes lo juzgaron mejor diciendo que no tenían criterio porque sin duda su plato era mejor. Es decir, si tuviera un restaurante y un cliente le dice que un plato no le gusta, le diría que no sabe apreciarlo… aunque le pague por ello?

Ayer, en la prueba de eliminación, demostró que tiene cero humildad y soltó un “sólo hay que seguir la receta” para hacer el plato de Pepe. Lo hizo mal. Pero no aprende… por haber hecho muchos cursos de cocina no se es cocinero. Pero sí se puede ser un bocazas.

El jurado está compuesto por grandes cocineros. Además son empresarios y  saben cómo llevar un equipo de gente y un negocio. Entiendo que uno de sus criterios a la hora de juzgar quién se va cada semana no sólo debería ser quien peor cocinero sino también quien peor actitud tiene, valorar quién no sólo es buen cocinero sino un potencial buen jefe de cocina. Está claro que José David puede llegar a ser buen cocinero, pero con ese talante y esa soberbia que destila por los poros no llegaría / llegará muy lejos.

Juanma, otro aspirante, cocina bien, pero es que además ha ayudado en varias ocasiones a sus compañeros: a Clara la ayudó a quitar la piel a una raya, a Maribel la ayudó a sacar un pollo atascado en el horno… Esa es la actitud del buen cocinero y buen jefe… saber mandar, pero también saber ayudar… y saber aceptar las críticas y enseñanzas, que es lo que te ayuda a mejorar… en la cocina y en la vida, si puedes ayudar y no pisar, ser humilde y escuchar, y aprender, aprender y aprender, siempre te irá mejor…

No sé quien ganará el concurso, pero me decepcionaría mucho que el jurado sólo se basase en platos para elegir al Masterchef… si las actitudes contaran José David estaría ya en la puñetera calle y Clara seguiría en el concurso.

Saludos,

1 comentario:

  1. ¡Hola Jorge!

    ¿Para cuándo un nuevo post? Se te echa de menos...

    Un abrazo.

    Marita

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