jueves, 13 de enero de 2011

Reencuentros y recuerdos

Parece mentira que pequeñas cosas como la que voy a explicar hagan que uno dé el día por bueno, pero es así.
Hoy ha sido un buen día…, y conste que no ha llegado a la mitad cuando escribo esto,  pero ha sido un buen día, y no porque me hayan subido el sueldo, ni porque haya disfrutado del día libremente para pasear, ni nada por el estilo. No. Hoy ha sido un buen día porque me he reencontrado con una persona que fue muy importante en mi vida, y me han venido a la memoria muchos recuerdos agradables de acontecimientos que compartí con ella.
Estaba desayunando tranquilamente en l’Illa, como cada día, leyendo La Contra de La Vanguardia, y un “hola” me ha sorprendido. Al levantar la vista, la he visto. Y me he alegrado.
Yo no la había visto. Y ella podría haber pasado de largo sin decirme nada, y yo no lo hubiera sabido. Pero no lo ha hecho. Se ha acercado a saludarme. Y me he alegrado mucho. Por las dos cosas. Por verla, y porque se acercara a saludarme.
Compartimos casi cuatro años juntos. Los compartimos muy intensamente. Al menos yo. Y creo que ella también. Y me refiero al enriquecimiento personal.
Cuando coincidimos, por puro azar, puedo asegurarlo, sintonizamos muy rápido en las cosas fundamentales, aunque en otras discrepábamos.
Ella ya tenía mucho mundo a sus espaldas, a pesar de tener veintipocos, y yo apenas había salido del cascarón. Digamos que yo era un “imbécil” de 24 años cuando nos encontramos, y ella me ayudó a evolucionar para ser alguien mejor. Me enseñó que la vida no es un camino de rosas dónde te lo dan todo hecho, que hay que esforzarse para conseguir las cosas, y que hay que respetar a la gente… no es que antes no lo hiciera, pero ella me hizo darle la importancia necesaria.
Estuvo a mi lado y me ayudó en momentos muy importantes de mi vida: cuando me licencié, cuando encontré mi primer trabajo… A su lado maduré, y pasé de chico a hombre. Y jamás lo olvidaré. Y le estaré siempre agradecido.
Al cabo de esos casi cuatro años de aprendizaje continuo a su lado, y cuando empezábamos a planear un proyecto común, tuvo la valentía suficiente para decirme que no creía que tuviéramos un futuro juntos. Realmente daban igual los motivos, los que fueran. No estaba a gusto, y tuvo la valentía de ser sincera y decírmelo.
Me dolió. Me dolió mucho.  
Y sufrí. Sufrí mucho.
Pero le estaré siempre agradecido por su sinceridad. Le estaré siempre agradecido por no darme excusas peregrinas ni escudarse en mentiras.
Y es por ello que, transcurrido un tiempo, no mucho, nos vimos para comer. Y yo no la odiaba. La respetaba y la quería. Y le deseaba lo mejor. Y sé que ella a mi también.
A día de hoy no puede decirse que seamos amigos, porque los amigos se llaman y se ven con regularidad. Pero si puedo decir que siento muchísimo aprecio por ella. Hemos mantenido cierto contacto, y sé que si algún día necesito algo, me ayudará. De hecho, ha ocurrido recientemente. Y ella sabe lo mismo. Porque así ha sido también. Y así será.
Cuando las cosas se acaban bien, como tienen que acabarse, el tiempo ayuda a olvidar los malos momentos, a superar el dolor, y a recordar los buenos, apreciarlos y valorarlos.
Y por eso hoy ha sido un buen día, porque la he visto…, porque ha venido a saludarme…, y porque han venido a mi cabeza todos nuestros recuerdos juntos.
Saludos,

2 comentarios:

  1. Son "aquellas pequeñas cosas", como decia Serrat, que nos hacen felices. Estos pequeños momentos, cortas conversaciones con un conocido que hace años que no ves, fugaces sonrisas, el "buenos dias ¿qué tal? del camarero que cada dia te sirve el cafe solo con sacarina, una llamada inesperada el dia de tu cumpleaños, una flor con una nota, al llegar al trabajo, deseándote buenos días. Son aquellas pequeñas cosas que nos proporcionan una sonrisa, un isntante de felicidad.
    Y si además, hay personas que aparecen en tu vida, compartes cosas, creces, ries, lloras y que sabes que a pesar de la distancia y el tiempo, están allí. (Y son pocas, muy pocas, las personas con las que se puede hacer esto). No las pierdas nunca.

    Debemos ser conscientes del valor de estas personas y, de vez en cuando, hacerselo saber. Seguro que también les alegramos el día a ellas.

    Eres muy afortunado de tener a una persona así en tu vida. Te felicito.

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  2. Te entiendo perfectamente, pero no siempre se tiene la gallardía para ser sincero ante una situación que ha anudado muchos días de tu vida. Conmigo pasó, y también lo pasé mal, aunque todavía es más inexplicable sentir que alguien se ha ido sin más... sin razón alguna, sin un "hasta aquí... "

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